Monstruos verosímiles

En esta entrada quería hablar de la verosimilitud cuando se crean nuevas especies o monstruos. De la verosimilitud ya han hablado otros antes que yo (La incoherencia creada en la búsqueda de la verosimilitud), y de la distancia entre la verosimilitud y realismo también (Realismo y Verosimilitud). Esas son sólo dos entradas pero seguro que hay más.


Primer problema: ¿Son verosímiles los centauros?

Para empezar, recupero un texto del autor de ciencia ficción Philip José Farmer. Concretamente, el primer título de la serie World of Tiers: The Maker of Universes (lectura que por cierto recomiendo a todo director de partidas de rol). Reproduzco aquí unos párrafos donde el autor explica cómo son los centauros (a continuación añado la traducción):

They were indeed centaurs, although not quite as the painters of Earth had depicted. This was not surprising. The Lord, when forming them in his biolabs, had had to make certain concessions to reality. The main adjustment had been regulated by the need for oxygen. The large animal part of a centaur had to breathe, a fact ignored by the conventional Terrestrial representations. Air had to be supplied not only to the upper and human torso but to the lower and theriomorphic body. The relatively small lungs of the upper part could not handle the air requirements.
Moreover, the belly of the human trunk would have stopped all supply of nourishment to the large body beneath it. Or, if the small belly was attached to the greater equine digestive organs to transmit the food, diet was still a problem. Human teeth would quickly wear out under the abrasion of grass.

[...] The mouths and necks were proportionately large to allow intake of enough oxygen. In place of the human lungs was a bellowslike organ which drove the air through a throatlike Opening and thence into the great lungs of the hippoid body. These lungs were larger than a horse's, for the vertical part increased the oxygen demands. Space for the bigger lungs was made by removal of the larger herbivore digestive organs and substitution of a smaller carnivore stomach. The centaur ate meat, including the flesh of his Amerind victims.

Y aquí mi traducción, de cosecha propia (con ayuda de Google Translate).

Eran de hecho centauros, aunque no del mismo modo que los pintores de la Tierra los habían representado. Esto no era sorprendente. El Señor, al formarlos en sus biolabs, tuvo que hacer ciertas concesiones a la realidad. El ajuste principal había sido regulado por la necesidad de oxígeno. La gran parte animal de un centauro tenía que respirar, un hecho ignorado por las representaciones terrestres convencionales. El aire tenía que ser suministrado no solo al torso superior y humano, sino al cuerpo inferior y teriomórfico [https://es.wikipedia.org/wiki/Teriomorfismo]. Los pulmones relativamente pequeños de la parte superior no podrían suministrar los requerimientos de aire.

Además, el vientre del tronco humano habría detenido toda provisión de alimento al cuerpo grande debajo de él. O bien, si la panza pequeña estaba unida a los órganos digestivos equinos mayores para transmitir la comida, la dieta seguía siendo un problema. Los dientes humanos se desgastarían rápidamente bajo la abrasión de la hierba.

[...] La boca y el cuello eran proporcionalmente grandes para permitir la ingesta de suficiente oxígeno. En lugar de los pulmones humanos había un órgano en forma de fuelle que conducía el aire a través de una abertura de garganta y de allí hacia los grandes pulmones del cuerpo equino. Estos pulmones eran más grandes que los de un caballo, ya que la parte vertical aumentaba las demandas de oxígeno. El espacio para los pulmones más grandes se hizo mediante la eliminación de los órganos digestivos herbívoros más grandes y la sustitución de un estómago carnívoro más pequeño. El centauro comía carne, incluida la carne de sus víctimas amerindias.
El oxígeno, ¡claro!

Pues parece obvio, ¿verdad? Un aparato respiratorio a escala humana no puede proveer de oxígeno a un cuerpo de caballo. 2+2 = 4. El autor lo soluciona con una abertura en el pecho que alimenta directamente unos pulmones gigantes (o eso me ha parecido entender). Y además reduce el aparato digestivo con una dieta carnívora.

Segundo problema: la masa

Siempre recordaré a un profesor de lo que en mis tiempos se llamaba la asignatura de “Naturales”. Supongo que hoy en día debe ser “Medio natural” o algo así. Contaba el profesor que una hormiga gigante no podría sostenerse sobre sus patas.

Eso es porque si multiplicas la longitud por 2, la superficie crece por 4 y el volumen por 8. Con unas patas el doble de “gordas” no puede con un peso 8 veces superior.

Con las criaturas voladoras pasa otro tanto: la superficie de las alas aumenta al cuadrado, mientras que el peso lo hace al cubo. Un dragón que se sostenga debería tener unas alas descomunales, y para moverlas debería tener unos músculos espectaculares, que pesarían lo suyo… Al final, podemos encontrarnos con que el aumento de tamaño simplemente no es sostenible.

Tercer problema: cantidad no es calidad

Además del problema de la masa mencionado, también está el que parece que la calidad muscular disminuye con el tamaño. Por eso las proezas de las hormigas ya mencionadas, que pueden levantar 50 veces su peso, no se ven en criaturas de más peso.

Cuarto problema: Hay que alimentar a la bestia

Bueno, es obvio que algo tendrán que comer las criaturas. Si creamos una especie gigante, tendremos que pensar en qué come. Los carnívoros no acostumbran a ser los más grandes, porque deben ser lo suficientemente ágiles como para cazar (suposición mía). El Tiranosaurus Rex era grande, pero había dinosaurios más grandes en su época. Uno de los carnívoros más grandes hoy en día es el cachalote, que caza calamares gigantes. Cuando creamos una especie, tenemos que crear su comida.

La solución para todo: la magia

La magia puede con todo: los gigantes no tienen problemas para aguantarse de pie porque… ¡son mágicos! Las hormigas gigantes pueden sostenerse porque… ¡son mágicas!

Eso está muy bien. Jugamos en entornos de fantasía y en ellos la magia es algo real. Pero no está de más administrarla de alguna manera. Si la magia forma parte del ecosistema de nuestro mundo deberíamos explicarlo, aunque sea sólo para los directores de juego. Y quizá, incluso, hacerlo explícito para los jugadores.

Por ejemplo: quizá todas las criaturas mágicas tienen un corazón luminoso que puede usarse como ingrediente mágico. Sigue siendo un as que nos sacamos de la manga, pero al hacerlo explícito hacemos que no sea un fallo de verosimilitud, si no una faceta más de la ambientación. Incluso podría ser el tema para un arco argumental: la magia se está apagando, los corazones luminosos pierden su luz y los animales mágicos se derrumban, incapaces de sostenerse en pie, o de volar…

Otra solución ¿Qué tal la genética?

Otra solución posible es algo casi tan misterioso como la magia: la genética. Resulta que los gigantes tienen unos huesos hechos de un material genético muy resistente y ligero, mejor que los huesos humanos. Además, su musculatura es diferente, más optimizada, capaz de dar más potencia con menos peso. Sus órganos internos también consiguen ser más pequeños de alguna manera.

O quizá los gigantes no están hechos básicamente de agua, como nosotros, si no de algún otro líquido mucho más ligero. Eso hace que los gigantes no sean “hombres grandes”, si no una especie completamente diferente.

Todas esas ventajas, como huesos más resistentes, musculatura más potente, etc., tienen obviamente un coste, motivo por el cual no los tienen las especies más pequeñas. Quizá su crecimiento es mucho más lento, lo cual hace que un gigante necesite decenios para convertirse en adulto. O quizá ese líquido más ligero que el agua se evapora con facilidad, lo que hace que los gigantes sean mucho más susceptibles a la deshidratación.

Esas son solo ideas que se me ocurren a bote pronto, y estoy seguro que con un poco de reflexión saldrían otras mucho más interesantes.

Las ventajas de utilizar la genética como solución frente a la magia son, a mi parecer, cuatro:
  1. Nos ayuda a crear un mundo más coherente.
  2. Hace nuestro bestiario más original.
  3. Permite crear criaturas nuevas en mundos no necesariamente mágicos.
  4. Crea respuestas más trabajadas que: “es la magia”, y eso lo valorarán algunos jugadores. Otros no, lo discutirán. Con esos tienes que utilizar “es la magia” y tirar millas. 

Conclusiones: ¿Y no es mucho esfuerzo para poca recompensa?

Al fin y al cabo, ¿A los jugadores que más les da si los monstruos son verosímiles? Pues yo diría que sí, que vale la pena, por dos motivos:
  • Una revisión de verosimilitud puede ayudarnos a crear un bestiario, o compendio de monstruos, propio y más original. Es una revisión de los clásicos que cada autor hará a su manera.
  • Da resultados interesantes. Por ejemplo, el que los centauros son carnívoros, lo que puede tener implicaciones en la campaña incluso a nivel político global.