Mis primeros pasos como DJ y consejos para narradores nóveles

La primera vez que dirigí fue con desconocidos en unas jornadas. A esto se le suma el hecho de que fuese con un juego de mi invención por lo que aquello era también una versión beta. Salí con vida, la partida fue muy divertida y todos salimos contentos. No está nada mal, ¿no?

Aún recuerdo los nervios, el sudor recorriendo mi cuerpo y cómo me olvidé de muchas de las reglas que debían ponerse en práctica. Recuerdo también la emoción de poner sobre la mesa algo creado por mí, ver cómo se reaccionaba a todo lo que tenía preparado y el desafío de improvisar.

Lo más importante al final fueron las personas con las que jugué esa primera partida. Una de las chicas jamás había jugado antes, en cambio, su amigo interpretaba con determinación y supo tirar de mí, sacándole todo el jugo posible a la situación. Se conocían entre ellos y por ello fue fácil construir una atmósfera de confianza. No nos dio vergüenza interpretar personajes, poner voces incluso, porque todos estábamos dentro de la partida.

Siempre es más fácil jugar y dirigir si hay gente en la mesa que lo haya hecho antes. Más si cabe si te presentas dejándoles claro a los demás que es tu primera vez y que puede pasar cualquier cosa. Conmigo siempre fueron comprensibles y he podido mejorar.

Con el tiempo descubrí que esta atmósfera de confianza se construye con buena actitud, presentándote a los jugadores, charlando un poco con ellos antes de empezar o incluso con algún chiste o gracieta para romper el hielo. Un ambiente positivo, vamos.

Para mi primera partida preparara los personajes, enemigos, un par de párrafos de cómo era la trama y un par de mapas donde se desarrollaba todo. Me di cuenta de que me faltaba tener más descritos estos elementos, pero no pasó nada: improvisé. Adapté el escenario, historia y trasfondo a lo que sucedía en la mesa: Si el plan que los jugadores discutían me gustaba, permitía que continuasen y que fuese la forma adecuada de continuar. Si sugerían a un PNJ que los acompañase, los acompañaría, aunque fuese asustado y en la retaguardia.

Jugando con mis compañeros de "Cthulhu á feira"

El juego se hizo fluido porque además me olvidara parcialmente de mis reglas, sí, esas reglas que yo misma había creado, pero no pasó nada: las reglas son después de todo, una forma de comprobar qué ocurre en el mundo de juego además de la propia narración. Puedes improvisar y usar solamente las reglas para momentos concretos o cuando las consecuencias de las acciones supongan poner en juego la vida de los personajes.

Que conste que sé de mesas de juego que son muy estrictos con las reglas. Quizás demasiado. Pero cuando diriges eres tú quien decide como director de juego qué reglas se tendrán en cuenta y cuales no, solamente debes ser coherente y mantener firme tu decisión hasta finalizar el oneshot (partida de una única sesión autoconclusiva) o la campaña. Nunca está demás explicárselo a estos jugadores tan estrictos.

Siempre se me dio mal seguir las reglas de un manual. Especialmente si nunca he jugado a ese juego, por eso lo que hago siempre es agarrarme a las reglas básicas e ignorar las reglas más específicas o avanzadas. Es mejor partir de algo de lo que estés seguro y aumentar su complejidad paso a paso. Hay los que presumen de su capacidad de aplicar reglas y de conocerse todas las tablas del manual: bien por ellos, el rol no es una competición, ignora a esta gente y disfruta del juego.

Esa fue mi primera partida dirigiendo, tuve que esperar un par de años a volver a dirigir: no tenía grupo de juego y no hay demasiadas jornadas en la zona.

Esta vez intenté meterles el gusanillo del rol a mis amigos de universidad. Los pillé por banda después de comer y les di personajes pregenerados (personajes ya creados) para una aventura que consistía en robar un banco. Hubo tres clases de jugadores en esa partida: los que tenían interés en aprender, los que no se enteraban de nada y el que reventó la partida porque no estaba interesado en ella. Ahí me di cuenta de que es fundamental que los que quieran jugar contigo deseen realmente jugar y aprender, además de que es necesario pararle los pies a los jugadores conflictivos sin miedo alguno. Que la partida no se desmadre también es responsabilidad del Director de Juego, incluso si eso significa echar a un jugador, pedirle que se controle o lo más drástico posible: levantarte e irte.

Las siguientes veces dirigí a amigos que conociera en internet y en quedadas que organizábamos en el grupo Cthulhu á feira. Fue con ellos donde tuve mi peor experiencia como máster.

Soy una persona olvidadiza, más si cabe si estoy nerviosa, así que me puse a dirigir una aventura que creía que dominaría. No lo hice. No la había diseñado yo, sino que se trataba de una aventura que aparecía en la revista Crítico. Las reglas no se me olvidaron esta vez pero intentar atender a la partida a la vez que leía sobre la trama y escenario fue un error enorme. Mis compañeros y amigos me decían que improvisara. No me salió. Lo entendieron a pesar de todo, pero me quedó un mal sabor de boca.

Fue entonces cuando caí en la cuenta de que el problema era seguir un guión que no había escrito yo. A mi me funcionaba mejor tener cinco cosas preparadas y saber improvisar. Porque como ocurre jugando, cada director de juego debe descubrir su estilo y mejorar sus fortalezas (y conocer sus debilidades). Quizás haya algún director de juego que cree que lo hace mal por eso, por no haber encontrado su zona de confort.

Lo malo es que la única forma de descubrir y perfeccionar el estilo de dirección es con la práctica y la experiencia. Digo “lo malo” pero en realidad es bueno. Es una motivación para seguir narrando.

Existe en internet artículos e incluso libros (he reseñado algunos de ellos como el de Focal Point) dedicados a la labor de dirección de juego, con consejos de la mano de gente que lleva más años jugando a rol que yo viva. Son recomendables leerlos pero no deja de ser la experiencia de esa gente plasmada por escrito, como lo que estoy haciendo ahora con este artículo.

La realidad es que donde yo aprendí de verdad a dirigir fue en la mesa y no por prueba-error como directora de juego, sino como jugadora. Pasé por muchas mesas de juego e hice un pequeño ejercicio de análisis. Para mí fue algo fácil escribiendo actual plays o crónicas de las propias partidas. Ver cómo cada director ponía en juego los personajes no jugadores, cómo intentaba reconducirnos a la trama para evitar que perdiésemos más el tiempo haciendo tonterías en la posada, el cómo gestionaba que un jugador se tuviese que ir dejando a su personaje “huérfano”… lo que me gustaba lo fui implementando en las partidas que dirigía y lo hice mío.

Así que una combinación entre dirigir partidas, jugar mucho y leer consejos es un verdadero éxito y no se aleja en absoluto a lo que supone cualquier disciplina. Teoría, práctica, experimentación y repetición. Mucha paciencia también.

Ahora sigo las mismas fórmulas que me funcionan: preparar un escenario más o menos delimitado, un objetivo que debería cumplirse (el que los personajes lo cumplan depende de ellos) y tener un par de personajes no jugadores con cierto carisma o personalidad marcada. Dejando que la improvisación sea el cemento que lo une todo. No seré la mejor directora de juego pero al menos no me pongo nerviosa y llevo la partida a buen puerto.

Una vez que tengo la fórmula del “éxito” sé que puedo pasar unas buenas tardes con amigos o desconocidos, pero sé que no debo quedarme allí y que es importante seguir repasando y queriendo mejorar. Esto es probando cosas nuevas. Nuevos juegos, nuevas maneras de jugar (las partidas de investigación son completamente diferentes a una partida a D&D) y nuevos conflictos con jugadores. Es fundamental mantener la motivación y hacerlo solo si uno quiere realmente hacerlo.


En resumen: facilita un buen ambiente de juego, ten actitud positiva, dirige sólo a quien quiera jugar contigo y perfecciona tu estilo.

Nadie nace aprendido y no debes sentirte intimidado o inferior si te encuentras con un ejemplar de Directorsaurios Rex que lleva “siglos” en esto. No te cortes en pedirle consejo, juega en su partida si tienes ocasión y quédate con lo mejor de esa experiencia. Ella empezó como todos: sudando y olvidándose de las reglas.

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