Sobre los personajes malvados, por Carlos Sarmiento

Ese momento en que nos preguntamos «¿qué haría este personaje en esta situación?» y sabemos la respuesta es una de las sensaciones más placenteras que ofrece el rol. Es muy interesante meterse en la piel de una curtida exploradora, de un brujo artero, de un monje ascético o de una avariciosa ladrona, experimentar con el clasismo de los elfos, la brutalidad de los orcos o la elegancia de las hadas. Ese interés nos lleva a probar personajes distintos muy diferentes a nosotros y, de algún modo, a vivir otras vidas. ¡Es el placer de descubrir tierra ignota!

En esa línea muchos experimentamos con características malvadas en nuestros personajes. Desde el clásico individuo que busca venganza por el asesinato de sus padres (un tópico que debería estar directamente penalizado en algunos grupos), el policía que no declara todo lo que encuentra o el sacerdote que coquetea con la magia negra, hasta los verdaderos villanos cuyo objetivo es hacer daño a los demás por el mero placer de hacerlo.

De concesiones, miserias morales y villanías

Concesiones

Supongamos que somos gente normal, gente decente, gente honrada, y que hacemos un personaje que desea el bien, quiere acabar con el peligro en las calles o curar una enfermedad mortal. Un héroe de verdad, un paladín de la luz, el arquetipo más limpio de la fantasía heroica afrontaría estos objetivos sin caer nunca en terreno oscuro.

No pasaría por su mente acabar con la vida de los traficantes de armas que dominan las calles ni experimentar ilegalmente en enfermos terminales su nuevo fármaco. Pero no estamos jugando un personaje completamente luminoso, le hemos dado sombras que nos permitan explorar (y explotar) su narrativa. Quizá las sombras del primero nos permitan llevar a un personaje al más puro estilo Batman y las del segundo, embarcarnos en una batalla moral llena de dilemas. Se ajustan a diferentes tipos de partidas, pero ambos son arquetipos claros y funcionales. Y, lo más importante, algo de lo que me di cuenta hace no demasiado, ambos son buenos. No impolutos, no perfectos, pero buenos; buscan el bien.

Miserias morales

En un segundo grupo tendríamos a los personajes que se alejan de los héroes prototípicos y son peores que la mayor parte de personas. Podrían ir en este saco los personajes en busca de lucro personal, los ladrones o los magos dispuestos a dejar morir a alguien (o ponerlo en un peligro evidente) por añadir un nuevo conjuro a su grimorio.

Los integrantes de este apartado son personajes despreciables, pero difícilmente pueden ser considerados villanos. Son amorales, son «unos capullos egoístas»; pero no tienen como objetivo el mal de los demás. Algunas de sus acciones, esas que son propias de su miseria moral, causan efectos nocivos para otros personajes (normalmente no jugadores); pero la mayor parte de lo que hace el personaje es honrado o, al menos, aceptable.

Verdadera villanía

Pero hay un tercer grupo de personajes: el de los villanos puros, el de los que causan daño por el hecho de hacerlo,aquellos cuyo objetivo es el mal. También meto en esto saco a los que que buscan obtener el poder con métodos malvados. ¿Qué clase de lista de villanos dejaría a Darth Vader fuera de ella?

Estos personajes deberían ser, en principio, tan básicos, tan primarios, como los héroes luminosos. Deberían ser arquetipos de oscuridad, personajes terribles, y es eso mismo lo que hace que, a pesar de ser simples, no sean tan fáciles de abarcar para todo el mundo. El verdadero mal no es tan disfrutable, supongo.

La interpretación del mal

Aunque afirmaba al principio que parte de la gracia de los juegos de rol era permitir a los jugadores vivir bajo otras pieles, no todos los personajes resultan igual de disfrutables para todo el mundo. A veces es debido a determinados prejuicios (jugadores que no quieren interpretar relaciones familiares o sentimentales, o que se niegan a dar pie o participar en escenas sexuales), otras se debe a la incapacidad de sacarle un jugo que resulte divertido (jugadores que por ejemplo, no sienten que aprovechen la potencia de un mago y crean que así perjudiquen al grupo y se frustren), y otras a que la propia actitud del personajes los haga sentir mal.

Mis tipos más recurrentes de personaje comparten una serie de rasgos: suelen ser habladores, suelen disfrutar del poder del que disponen y suelen tener buenas intenciones, pero tienen unos cuantos rasgos bastante variables que podríamos considerar inmorales. Nunca creí, no obstante, que tuviese algún problema interpretando a verdaderos villanos. Como máster he tenido personajes no jugadores realmente deleznables, sujetos asquerosos que producirían repulsa a las bestias del abismo… y nunca tuve problemas con ellos. En cambio, en una partida de In Nomine Satanis me descubrí pasándolo fatal con un demonio que le hacía la vida imposible a todo el mundo. Había personajes tan despreciables que me daba igual que fuesen víctimas de los planes del infierno, pero sufrí realmente por los inocentes. Cumplí con mi personaje, pero soy consciente de que intenté forzar algunas reglas para acomodarlos en los planes infernales de la forma menos disruptiva posible. Reconozco, en esencia, y pese a que siempre intento ser fiel al personaje al que interpreto, que fui un demonio lamentable.

Eso me hizo pensar en los grados de maldad de los personajes, los tres sacos que esbocé antes a vuelapluma, y con cuáles me siento cómodo. Creo que como máster puedo usar personajes que se amoldan a cualquiera de esos grados, que de algún modo despersonalizo más sus acciones; pero cuando soy jugador me cuesta disfrutar del tercer saco. No me gusta, no me siento cómodo, no me parece disfrutable. Como máster, por mucho que trabaje el diseño de personajes los veo desde un distanciamiento tranquilizador; como jugador estoy demasiado implicado en sus acciones y pueden llegar a producirme rechazo.

¿A vosotros también os pasa? ¿Os causa algún problema dar vida a un villano asqueroso y cometer todo tipo de actos indignos o, por el contrario, os proporciona el mismo gusto que meterse bajo la piel de cualquier otro personaje?

4 comentarios:

  1. Me pasa lo mismo y manda narices que me gusta dirigir juegos que den tan poco pie como Kult o Aquelarre XD

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  2. Me siento totalmente identificada con lo de "jugadores que por ejemplo, no sienten que aprovechen la potencia de un mago y crean que así perjudiquen al grupo y se frustren"
    Tengo una pregunta y me gustaría saber vuestra opinión
    Hace unos 3 años comencé a jugar a rol con gente que lleva alguna hasta 30 años metida en el mundo (otros llevan unos 4) y hay partidas que por más que me esfuerzo (soy de las que por semana piensan qué subir, quiero saber a qué vamos a jugar con antelación para mirar qué personaje me puedo hacer, cuál podré interpretar....) no logro sentirme bien y me frustro. La pregunta es si creéis que hay gente que no se le da lo de jugar a rol o al menos hay partidas/campañas/juegos que simplemente no están hechos para ellos. Las últimas partidas que he jugado he sentido que mis pjs son completamente inútiles, si les subo A, el master siempre pide que tire B y tampoco es que mi imaginación sea una maravilla con lo cuál es frustración tras frustración.
    ¿Cuál es vuestra opinión? Gracias

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    1. Hola, soydeoviedo,

      Creo que el rol es una afición muy abierta. Mucho más abierta que cualquier otro pasatiempo o juego. Es una actividad que transcurre en el espacio compartido de la imaginación de las personas que participan en la partida, y en ese sentido es difícil considerar que se te pueda dar mal el rol. No obstante, sí que hay partidas o campañas que no son para todos los públicos.

      El rol debería cumplir más o menos las exigencias de cualquier otra afición: ¿te atrae? ¿Te ofrece una forma agradable o interesante de pasar el tiempo? Si las respuestas son afirmativas, debería ser más que suficiente.

      En el rol, o en la mayor parte de él, no hay ni vencedores ni perdedores; solo un grupo de gente colaborando en esa imaginación colectiva que puede ir de cualquier cosa, seguir cualquier camino y tener cualquier enfoque.

      Sin conocer en absoluto la situación, por lo que analiza tú si lo que propongo puede adaptarse mínimamente a la verdad, quizá juegues con un grupo con el que no te acabas de sentir cómodo y te convenga acercarte a unas jornadas para probar con otra gente, o buscar un grupo de juego más interpretativo o que jueguen con sistemas menos reglados. Yo probaría más para averiguar la causa de la frustración, pero a lo mejor son mis ojos de enamorado del rol que me impiden ver sus problemas.

      ¡Un saludo!

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  3. Lo primero muchas gracias por responder Carlos
    Sobre lo que me preguntas sí que hay veces que es una forma agradable y entretenida de pasar el tiempo pero otras veces no lo es
    Después de leer tu post, escribí el mio explicándo un poco mejor de mis frustraciones.
    Te dejo el enlace por si te quieres pasar y aconsejarme
    https://elsonidodelosbytes.blogspot.com/2019/03/pido-ayuda-con-mis-frustaciones-roleras.html
    Un saludo

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